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ISSN 1989-4163

NUMERO 38 - DICIEMBRE 2012

La Cualidad de Ser Invisible -o de Parecerlo-

Il Gatopando

Atrás quedaron las elecciones en EEUU. Son ya historia –menos mal que perdió Romney-. Se desvanece de la memoria la cascada de artículos, análisis, comentarios, proyecciones, encaminados a escudriñar hasta el último detalle acerca de cuanto podía influir en las votaciones que elegirían al hombre más poderoso del planeta.

Una vez más, sociólogos y periodistas desmenuzaron desde todos los ángulos posibles la composición del espectro electoral norteamericano. A tal fin no es raro que con cada elección se cree una nueva categoría que a poder ser resulte llamativa y a la que se otorga la llave del resultado de la misma –algo así siempre contribuye a justificar los sueldos del ejército de analistas-.

Cuando yo vivía en EEUU la categoría que hacía furor era la de las soccer mums, madres de renta media-alta, que vivían en los suburbios residenciales y que llevaban a sus hijos a jugar a la clase de fútbol que nosotros practicamos en Europa –de ahí la denominación-. Según los expertos, el comportamiento de dicha categoría de población decantaba en última instancia las elecciones presidenciales a favor o en contra de Bill Clinton. Un poco más tarde se acuñó, sin tanto éxito, otra categoría: la de los Nascar men,  en referencia al espectro de hombres -blancos, de clase media-baja- que asisten a las carreras de coches en aquel país.

A juzgar por los analistas, quienes parecían enfrentarse en estas últimas elecciones eran, de una parte, los hombres blancos –partidarios de Romney- y, de otra, las minorías –partidarias de Obama-. Entre estas últimas se ha escrito sobre la minoría negra, la hispana, la oriental, sobre las mujeres solteras, los jóvenes, los judíos… Acaso he echado de menos un análisis pormenorizado sobre el comportamiento electoral de los jugadores de dardos zurdos y sobre los testigos de Jehová abstemios.

Lo que desde luego no me ha llamado la atención, porque ya es norma, es el estruendoso silencio –perfecto, absoluto- acerca del parecer de una minoría que, aunque solo fuera por su carácter simbólico, me resulta particularmente significativa. Ni una sola mención, ni una mísera entrevista, ni una triste palabra acerca del parecer ante la elección de la población indígena norteamericana. ¿Eran los indios norteamericanos partidarios de Obama o de Romney? ¿Les importa algo la elección o se la trae al pairo? ¿Qué sienten, qué opinan respecto del más trascendental acontecimiento que tiene lugar en su propio país cada cuatro años?

Sí, sé que se trata de una minoría sin ninguna influencia en el devenir de EEUU, que muy probablemente se decante en masa por la abstención. Pero a diferencia de lo que sucede con negros, hispanos u orientales, nadie se ha molestado en registrar cuál es hoy, y en perspectiva de futuro, su peso demográfico, su grado de participación en el proceso electoral, si existe alguna figura que los represente en la actual política norteamericana y, en tal caso, qué es lo que piensa. Al contrario, lo único que he encontrado ha sido el vacío más perfecto o, lo que es lo mismo, la nada.

Me decía entonces que si Estados Unidos, hoy –al menos en apariencia- tan orgulloso de su diversidad, ha necesitado más de doscientos años para elegir a un presidente negro, ¿cuántos necesitará para elegir a un auténtico nativo norteamericano?… ¿Acaso dos mil años, veinte mil? Se admiten apuestas.*

* La mayor parte de la población nativa norteamericana subsiste gracias a los beneficios obtenidos por la concesión de casinos otorgada por la administración.    

La cualidad de ser invisible

 

 

 

 

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